Published On: Fri, Jan 17th, 2020

‘Cuba necesita el espíritu de diálogo de la masonería’

Más de 20 años después de su salida de Cuba, el exprofesor de la Universidad de La Habana Octavio Carrera González fue elegido Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Masónico de España, la máxima figura de la masonería “liberal” en ese país.

Graduado de Filosofía, Octavio llegó a España en 1996 para cursar un doctorado en Humanidades en la Universitat Jaume I. Aunque en la Isla ya se había acercado a la masonería, fue en España donde se inició como masón.

Antes de emigrar a España, ¿te había interesado la masonería?

Sí, incluso presenté mi solicitud para ingresar en la orden estando en Cuba a través de un amigo de la infancia, pero no fui aceptado.

¿Qué distingue a la masonería de otras fraternidades?

Varias cosas. Primero, no es suficiente querer pertenecer. Hay un proceso que debe cumplirse: se hacen tres comprobaciones independientes, realizadas por tres maestros masones (nosotros las llamamos aplomaciones), que tienen que ser positivas y que son sometidas a votación en la Logia.

Segundo, hay que someterse a un ritual de iniciación que busca dejar una impronta vivencial en el que se inicia. La masonería tiene un carácter iniciático que supera el simple asociacionismo.

¿Qué diferencia la práctica de la masonería en ambos lados del Atlántico? 

La diferencia en la forma en que se practica la masonería no la marca estar a un lado u otro del Atlántico. Existe una masonería de carácter más conservador, que —a mi juicio—, hace una interpretación más absoluta de los Landmarks (lindes), que son las antiguas normas por las que se rige la orden.

Como resultado de esa interpretación, esta masonería exige la creencia en un dios revelado como condición ineludible (al menos formalmente) para ser admitido como miembro, y no acepta que las mujeres puedan ser iniciadas como masonas.

Quienes así piensan se autodenominan “masones regulares” y consideran irregulares a cualquier obediencia masónica que se aparte de esos principios. Esta “regularidad” se sustenta en el reconocimiento que otorga la Gran Logia Unida de Inglaterra a estas obediencias.

Hay otra forma de practicar la masonería que defiende la total libertad de conciencia y la oposición a cualquier tipo de dogma. Sobre esa base interpreta los Landmarks y afirma que cualquier persona, hombre o mujer, que sea libre (léase autónomo) y de buenas costumbres (que respete las normas sociales de convivencia), y que acepte la existencia de valores universales que trasciendan al individuo, puede ser aceptado como masón una vez que supere las pruebas de admisión.

A esta forma de entender la masonería, que es a la que yo pertenezco, se le llama “liberal”, “adogmática” o “humanista” para contraponerla a la otra, pero estos adjetivos no son más que denominaciones para diferenciarse de la llamada “masonería regular”.

Cualquier forma de practicar la masonería, independientemente de la manera en que se entienda la naturaleza de la orden, coincide en hacer suyos los principios de libertad, respeto a la diferencia, igualdad, humanismo, fraternidad y culto a la razón frente al dogma.

Si todavía vivieras en Cuba, ¿qué camino habrías tenido que recorrer para convertirte en la máxima figura de la masonería en la Isla?

El mismo que he recorrido en España. Iniciarme e ir progresando en los primeros grados, esperar a que los hermanos de los grados superiores me consideraran digno de ser iniciado en el 4º grado (primero de los altos grados o grados filosóficos). Después, estudiar y profundizar en el sentido de estos grados y, una vez alcanzado el grado 33º (el más alto del rito que practico), obtener la confianza de mis hermanos para ser Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33º para la República de Cuba.

¿En Cuba no se inician mujeres? ¿Por qué?

La Gran Logia de Cuba de Antiguos Libres y Aceptados Masones, que es la que todos conocen, es una obediencia regular y, por la interpretación que hacen de las antiguas costumbres, no admiten mujeres. Para ser masón, según esa tradición, hay que ser hombre, libre y de buenas costumbres, y las logias regulares interpretan “hombre” en el sentido de género y no de especie humana.

En todo el mundo hay un número considerable de logias que admiten mujeres, unas solo femeninas y otras mixtas. La mayoría son mixtas.

¿No importó en España que fueras extranjero a la hora de tu elección como máxima figura de la masonería?

Lo primero es que yo tengo la nacionalidad española desde hace 15 años. Por otra parte, los Reglamentos vigentes del Supremo Consejo Masónico de España, que es la Jurisdicción Masónica de la que soy presidente (Soberano Gran Comendador es el título masónico), no ponen ninguna condición respecto a esto para ser elegido. En Cuba, por el contrario, es necesario ser cubano de nacimiento.

Volvamos a la Isla. ¿Qué podría aportar la masonería al futuro de Cuba?

A mí me gusta decir que la masonería, más que la tolerancia, practica el respeto y el reconocimiento del diferente y, más que la fraternidad, la solidaridad. La masonería es una escuela de ciudadanos que trabaja por el mejoramiento humano. Trabajar a cubierto, protegidos por la intimidad de la logia, ayuda al perfeccionamiento de las personas, y los cambios sociales comienzan por los cambios personales.

En el mundo actual, donde hay un deterioro acelerado de los valores humanistas, donde se está produciendo una renuncia a la idea del progreso humano, la masonería no ha renunciado a la educación en valores y a la creencia de lograr un mundo mejor.

La masonería pide a sus miembros que no se conformen, que sean críticos consigo y con la sociedad, y que practiquen en su vida diaria los mismos principios que defienden en las logias.

Lo que la masonería puede aportar al futuro de Cuba son actores sociales formados en una filosofía de convivencia, comprometidos con hacer una sociedad mejor y más justa. Cuba necesita el espíritu de diálogo de la masonería.

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